AMLO Presidente: La crónica de una victoria anunciada

Por: Angélica Medina 02 Jul 2018

Lo que muchos ya sabíamos casi desde que comenzó la campaña electoral se convirtió en un festejo inesperado, lleno de esperanza y solidaridad. Te contamos cómo se vivió la celebración en esta crónica de una victoria anunciada. 


AMLO Presidente: La crónica de una victoria anunciada

Lo que muchos ya sabíamos casi desde que comenzó la campaña electoral se convirtió en un festejo inesperado, lleno de esperanza y solidaridad. Te contamos cómo se vivió la celebración en esta crónica de una victoria anunciada. 

“Es un honor estar con Obrador, ¡Es un honor estar con Obrador!” miles de capitalinos gritaban frente a los televisores colocados afuera del hotel Hilton de la Alameda. Esperaban al candidato de Morena para celebrar su épica victoria.

Después de una jornada electoral agotadora, el resultado era casi oficial. A las nueve y media de la noche tanto José Antonio Meade representante del PRI, como Ricardo Anaya del Frente por México y hasta el candidato independiente “El Bronco”; habían reconocido el triunfo del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia.

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Pero aún no había señales de Andrés Manuel por ningún lado. La prensa ya lo esperaba afuera de las oficinas de Morena en la colonia Roma. Los medios comenzaban a desesperarse en el hotel Hilton. Al parecer después de 18 años AMLO saboreaba el triunfo en privado.

A las 11 pm era oficial, lo había logrado. Se convertirá en el primer presidente de izquierda; y la población lo sabía. El consejero presidente del INE; Lorenzo Córdova transmitía su mensaje a toda la nación. El conteo del PREP le daba una amplia ventaja a Morena en casi todos los estados.  La democracia había dado su veredicto. Entonces comenzó el movimiento. AMLO ya se encontraba en el hotel listo para dar su mensaje de victoria.

De esperanza, entusiasmo, muñecos y playeras de AMLO

Desde la Alameda hasta el Zócalo; niños, jóvenes, adultos mayores, familias enteras caminaban con banderas de Morena. Afuera del hotel la gente coreaba su nombre al grito de Viva México. Un festejo similar al de la victoria de la Selección Mexicana frente a Alemania, pero ahora era un triunfo más grande.

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El pueblo se hacía escuchar. Frente a Bellas Artes los autos sonaban el claxon, los conductores salían por la ventana y gritaban a todo pulmón ¡AMLO! Hasta los camiones de carga hacían retumbar Eje Central con sus silbatos. Cientos de personas marchaban sobre la calle de Madero con cánticos en favor de Obrador y poco a poco aparecían los vendedores de productos.

Como si estuvieran afuera de un concierto había de todo tipo: playeras, gorras, tazas y muñecos del candidato (eso sí de más de 180 pesos). A pocos pasos de los comerciantes, los niños que cada día tocan sobre esa calle también gritaban ¡Obrador! La efusión de los transeúntes les llenó de monedas su pequeño estuche de guitarra.

Probablemente no entendían de dónde salió la multitud que hizo una verdadera fiesta a su alrededor; pero no importaba mientras se unieran al grito de “Sí se pudo, sí se pudo”. Mientras sus sonrisas iluminaran la calle y mientras el sueño de cambio estuviera presente. Un anciano al dejar el billete de 50 pesos en el estuche; tocó el hombro del niño y le dijo: “Ánimo campeón que pronto todo va a cambiar”.

El aire estaba lleno de entusiasmo, alegría y sobre todo esperanza. En la plancha del Zócalo las banderas de México y Morena se ondeaban juntas. En el escenario tocaban los mariachis y las personas bailaban y reían en espera de su ganador.

Rumbo al Zócalo

A las 11:50, luego de la conferencia y de varias entrevistas; López Obrador salía del Hilton rumbo al Zócalo para el gran festejo. Escoltado por policías, en una camioneta blanca; el nuevo presidente de la República iba extasiado por el amor del público que se manifestaba a su alrededor.

Antes de llegar a la parte posterior del escenario, la camioneta de AMLO tuvo problemas para pasar a la multitud. Dos niñas cerraron su paso y la escolta tuvo que detenerse por completo. Las pequeñas lloraban de la emoción, seguro sin entender el por qué, pero llenas júbilo.

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¿Cómo no dejarse llevar hasta las lágrimas por la esperanza del pueblo? Un pueblo roto, frustrado y dividido por la desigualdad; que por lo menos la noche del 1 de julio se unía para celebrar la victoria no sólo de un candidato, sino de la democracia.

A pesar de las pasiones, odios e incertidumbres que pueda generar, algo está claro; Andrés Manuel tiene frente a sí una labor titánica y quizá la carga más grande será la de comenzar el cambio prometido. Así lo anunciaba una de las pancartas de sus seguidores: “Te esperé 18 años, no me vayas a fallar”. No nos vayas a fallar. 

El tiempo nos dirá cómo pasará a la historia, por el momento sólo nos queda celebrar la participación ciudadana que nos deja un mensaje contundente: la esperanza de que nuestro México; a pesar de las diferencias puede cambiar.

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